La nueva película del georgiano Alexandre Koberidze se proyectó en el FICCI 65. En directa sintonía con su primer largometraje, Let the Summer Never Come Again, esta nueva es sobre espacios vacíos, emociones soterradas y pistas para una persecución sin trepidación. En esencia, es la síntesis de una idea de belleza impura y familiar.
Sobre Dry Leaf, de Alexandre Koberidze
1. Adiós, adiós. Me voy, me voy.
Una mujer se ha marchado y dos hombres salen en su búsqueda. Conducen de un lugar a otro preguntando por ella. Llevan consigo una foto a la espera de que alguien pueda reconocerla y dar razón de su paradero. Dry Leaf y Trenque Lauquen comparten el mismo hilo narrativo. Lisa y Laura, respectivamente, se han ido y nadie sabe dónde encontrarlas. Cada una dejó una nota anunciando su partida. La de Laura sentencia sólo el adiós; la de Lisa es más elocuente. En el caso de ambas, es suficiente para explicar que las dos mujeres son motivadas por un deseo ulterior: una búsqueda personal.
La repentina ausencia de Lisa y Laura detona un largo viaje con rumbo desconocido. Mientras que Trenque Lauquen es una aventura azarosa y un abanico de sucesos extraños, Dry Leaf encuentra su forma en la sencillez. Irakli, el padre de Lisa, y su mejor amigo Levani, recorren las carreteras de Georgia en busca de campos de fútbol. La película se detiene a observar el camino y contemplar el extenso paisaje rural. La búsqueda de Lisa pasa a un segundo plano. La atención se posa sobre aspectos más simples como animales durmiendo en el pasto o largas puestas de sol. Con delicadeza, conforme avanza el trayecto, la cámara colecciona pequeños gestos que van desde pelar una manzana hasta el agua cayendo sobre el parabrisas.
Grabada con la cámara de un Sony Ericsson, Dry Leaf provoca una sensación similar a la miopía: es un acto de entrega ante lo que no se puede ver. Durante la película , el espectador va a tientas entre figuras brumosas y rostros desdibujados. No solo sumerge sus ojos en un mar de píxeles sino que también deposita su fe en personajes invisibles. Tanto Levani como algunos niños que se encuentran en la ruta no pueden ser vistos, tampoco los puede ver el espectador. Para ponerlos en escena, la cámara encuadra el asiento del copiloto –en apariencia vacío–, o un balón de fútbol suspendido en el aire.
Los píxeles de la Sony Ericsson son llevados a grandes dimensiones. Las siluetas borrosas se profundizan al ser proyectadas sobre la gran pantalla de cine. Con un largo zoom, la imagen se estira hasta llegar a la unidad mínima, hasta el último píxel. Allí, mientras titila con extrañeza, se hace un zoom out que termina en otro plano. Lo que normalmente le corresponde al montaje, crear la sensación de movimiento y conectar un lugar con otro, ahora lo hace la materialidad del medio. El viaje de Irakli y Levani por carretera también es una circulación entre píxeles: entrar por una imagen para salir en otra.
2. La línea y el círculo.
Después de dibujarlas en un tablero, Irakli intenta explicar a sus alumnos dos de las formas cruciales en el fútbol: la línea y el círculo. No alcanza a iniciar su discurso cuando lo interrumpe el timbre y se da por terminada la clase. Aún así, el significado queda claro; la portería de fútbol está compuesta por tres líneas. Dos verticales y una horizontal. El círculo, sobra decirlo, remite al balón y su forma esférica. Del entrecruce entre líneas y círculos se produce el momento esencial del fútbol: el gol, ese instante en el que el círculo-balón cruza por las líneas-portería.
Segundo tiempo. Minuto 51. El círculo ingresa al territorio de las tres líneas. La magia se produce “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”. Maradona anota el primer gol contra Inglaterra y levanta sus brazos hacia el cielo en señal de victoria.
Irakli tiene la convicción de que perseguir las líneas-portería le ayudarán a encontrar el paradero de su hija. Lisa debía fotografiarlas para un trabajo como reportera, por lo que su padre decide recorrer las canchas por las que probablemente ella ha pasado. En los lugares que visita la pregunta se transforma, deja de ser si alguien ha visto a la chica y se convierte en “¿Hay un campo de fútbol por aquí?”.
El fútbol, como pocos deportes, se puede jugar en cualquier parte. A lo largo de la carretera, en medio del paisaje rural de Georgia, cualquier lugar puede convertirse en cancha de fútbol, solo se necesitan tres líneas y un círculo. La película, una prolongada colección de porterías, varias veces sitúa los postes en la mitad del encuadre. Se detiene a detallarlos para enseñar sus texturas e invitar a mirar a través de esos tres palos enormes donde sucede la magia. A pesar de la fascinación por el campo, solo figura un estadio. Al igual que los otros lugares, nadie juega y la hinchada está ausente. Envueltos en una atmósfera enigmática, todos parecen estar detenidos en el tiempo.
En su anterior película, What Do We See When We Look at the Sky?,Koberidze cristaliza la pasión por el fútbol en la figura de Lionel Messi. En esta ocasión, sin abandonar la tradición argentina, aparece por breves instantes “La mano de dios”. Colgada en una estantería, es una imagen doblemente suspendida; Maradona en el aire, estático en una posición hipnótica con su brazo en alto. Junto al Barrilete Cósmico, la primera secuencia está compuesta por estatuas de futbolistas congelados en la jugada y a punto de tocar el balón con sus pies. Aunque las canchas estén vacías y sus jugadores detenidos, con su embrujo Dry Leaf alimenta la intuición de que en cualquier momento puede anotarse un gol.
3.
Lisa se fue y, tras ella, Irakli también. Lo que en principio fue una huída, se transforma en un largo ejercicio de contemplación. Para Godard“El cine está mucho más cerca de la misa, del misterio o del partido de fútbol”. En esta línea, Dry Leaf está recubierta por un encantamiento inefable. Al igual que el fútbol, el viaje que emprende Irakli es un acto de fe. Hay ocasiones en que el auto se sitúa en medio de la cancha, bajo los tres palos. Allí las líneas-portería también pueden convertirse en un portal, en una forma de entrar en contacto con el Misterio e invocar a Maradona, a Messi o a la propia Lisa.
En una clara referencia a Kiarostami, en la última línea de la película, Irakli se pregunta por todas las cosas que vio en su viaje. Con entusiasmo, agradece y afirma que maravilloso es que existan caminos y la posibilidad infinita de recorrerlos. Con una actitud de entrega Dry Leaf logra encontrar belleza en la sencillez. En su búsqueda invoca aquello que en apariencia es invisible pero podemos encontrar con la sensibilidad de un Sony Ericsson.
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DERIVAS POR UN CAMPO DE FÚTBOL
La nueva película del georgiano Alexandre Koberidze se proyectó en el FICCI 65. En directa sintonía con su primer largometraje, Let the Summer Never Come Again, esta nueva es sobre espacios vacíos, emociones soterradas y pistas para una persecución sin trepidación. En esencia, es la síntesis de una idea de belleza impura y familiar.
Sobre Dry Leaf, de Alexandre Koberidze
1. Adiós, adiós. Me voy, me voy.
Una mujer se ha marchado y dos hombres salen en su búsqueda. Conducen de un lugar a otro preguntando por ella. Llevan consigo una foto a la espera de que alguien pueda reconocerla y dar razón de su paradero. Dry Leaf y Trenque Lauquen comparten el mismo hilo narrativo. Lisa y Laura, respectivamente, se han ido y nadie sabe dónde encontrarlas. Cada una dejó una nota anunciando su partida. La de Laura sentencia sólo el adiós; la de Lisa es más elocuente. En el caso de ambas, es suficiente para explicar que las dos mujeres son motivadas por un deseo ulterior: una búsqueda personal.
La repentina ausencia de Lisa y Laura detona un largo viaje con rumbo desconocido. Mientras que Trenque Lauquen es una aventura azarosa y un abanico de sucesos extraños, Dry Leaf encuentra su forma en la sencillez. Irakli, el padre de Lisa, y su mejor amigo Levani, recorren las carreteras de Georgia en busca de campos de fútbol. La película se detiene a observar el camino y contemplar el extenso paisaje rural. La búsqueda de Lisa pasa a un segundo plano. La atención se posa sobre aspectos más simples como animales durmiendo en el pasto o largas puestas de sol. Con delicadeza, conforme avanza el trayecto, la cámara colecciona pequeños gestos que van desde pelar una manzana hasta el agua cayendo sobre el parabrisas.
Grabada con la cámara de un Sony Ericsson, Dry Leaf provoca una sensación similar a la miopía: es un acto de entrega ante lo que no se puede ver. Durante la película , el espectador va a tientas entre figuras brumosas y rostros desdibujados. No solo sumerge sus ojos en un mar de píxeles sino que también deposita su fe en personajes invisibles. Tanto Levani como algunos niños que se encuentran en la ruta no pueden ser vistos, tampoco los puede ver el espectador. Para ponerlos en escena, la cámara encuadra el asiento del copiloto –en apariencia vacío–, o un balón de fútbol suspendido en el aire.
Los píxeles de la Sony Ericsson son llevados a grandes dimensiones. Las siluetas borrosas se profundizan al ser proyectadas sobre la gran pantalla de cine. Con un largo zoom, la imagen se estira hasta llegar a la unidad mínima, hasta el último píxel. Allí, mientras titila con extrañeza, se hace un zoom out que termina en otro plano. Lo que normalmente le corresponde al montaje, crear la sensación de movimiento y conectar un lugar con otro, ahora lo hace la materialidad del medio. El viaje de Irakli y Levani por carretera también es una circulación entre píxeles: entrar por una imagen para salir en otra.
2. La línea y el círculo.
Después de dibujarlas en un tablero, Irakli intenta explicar a sus alumnos dos de las formas cruciales en el fútbol: la línea y el círculo. No alcanza a iniciar su discurso cuando lo interrumpe el timbre y se da por terminada la clase. Aún así, el significado queda claro; la portería de fútbol está compuesta por tres líneas. Dos verticales y una horizontal. El círculo, sobra decirlo, remite al balón y su forma esférica. Del entrecruce entre líneas y círculos se produce el momento esencial del fútbol: el gol, ese instante en el que el círculo-balón cruza por las líneas-portería.
Segundo tiempo. Minuto 51. El círculo ingresa al territorio de las tres líneas. La magia se produce “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”. Maradona anota el primer gol contra Inglaterra y levanta sus brazos hacia el cielo en señal de victoria.
Irakli tiene la convicción de que perseguir las líneas-portería le ayudarán a encontrar el paradero de su hija. Lisa debía fotografiarlas para un trabajo como reportera, por lo que su padre decide recorrer las canchas por las que probablemente ella ha pasado. En los lugares que visita la pregunta se transforma, deja de ser si alguien ha visto a la chica y se convierte en “¿Hay un campo de fútbol por aquí?”.
El fútbol, como pocos deportes, se puede jugar en cualquier parte. A lo largo de la carretera, en medio del paisaje rural de Georgia, cualquier lugar puede convertirse en cancha de fútbol, solo se necesitan tres líneas y un círculo. La película, una prolongada colección de porterías, varias veces sitúa los postes en la mitad del encuadre. Se detiene a detallarlos para enseñar sus texturas e invitar a mirar a través de esos tres palos enormes donde sucede la magia. A pesar de la fascinación por el campo, solo figura un estadio. Al igual que los otros lugares, nadie juega y la hinchada está ausente. Envueltos en una atmósfera enigmática, todos parecen estar detenidos en el tiempo.
En su anterior película, What Do We See When We Look at the Sky?, Koberidze cristaliza la pasión por el fútbol en la figura de Lionel Messi. En esta ocasión, sin abandonar la tradición argentina, aparece por breves instantes “La mano de dios”. Colgada en una estantería, es una imagen doblemente suspendida; Maradona en el aire, estático en una posición hipnótica con su brazo en alto. Junto al Barrilete Cósmico, la primera secuencia está compuesta por estatuas de futbolistas congelados en la jugada y a punto de tocar el balón con sus pies. Aunque las canchas estén vacías y sus jugadores detenidos, con su embrujo Dry Leaf alimenta la intuición de que en cualquier momento puede anotarse un gol.
3.
Lisa se fue y, tras ella, Irakli también. Lo que en principio fue una huída, se transforma en un largo ejercicio de contemplación. Para Godard“El cine está mucho más cerca de la misa, del misterio o del partido de fútbol”. En esta línea, Dry Leaf está recubierta por un encantamiento inefable. Al igual que el fútbol, el viaje que emprende Irakli es un acto de fe. Hay ocasiones en que el auto se sitúa en medio de la cancha, bajo los tres palos. Allí las líneas-portería también pueden convertirse en un portal, en una forma de entrar en contacto con el Misterio e invocar a Maradona, a Messi o a la propia Lisa.
En una clara referencia a Kiarostami, en la última línea de la película, Irakli se pregunta por todas las cosas que vio en su viaje. Con entusiasmo, agradece y afirma que maravilloso es que existan caminos y la posibilidad infinita de recorrerlos. Con una actitud de entrega Dry Leaf logra encontrar belleza en la sencillez. En su búsqueda invoca aquello que en apariencia es invisible pero podemos encontrar con la sensibilidad de un Sony Ericsson.
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